Durante años, circuló la misma sospecha: que el pollo de KFC no era realmente pollo, sino algún tipo de sustituto cultivado en laboratorio.
La cadena decidió no responder con otra declaración. En su lugar, publicó radiografías reales de sus muslos de pollo. Allí, en blanco y negro, se veía exactamente lo que cualquier ave tiene dentro: un hueso rodeado de carne, sin rastro de material artificial ni estructuras fabricadas.
No hubo discursos ni promesas vacías. Solo una imagen que cualquiera puede interpretar por sí mismo. A veces, la mejor respuesta a un rumor no es explicarlo, sino dejar que la evidencia hable por sí sola.