👉👉 Soy paramédico y esto es lo que las papas fritas picantes le hacen al cuerpo de sus hijos. Avisen a sus familias. He tenido que atender a niños de 9 y 10 años con fuertes dolores de estómago, y cuando les pregunto qué comieron, su madre saca la bolsa roja de la basura. Compartan esta información con todos los que tengan niños en casa.
EN EL ESTÓMAGO.
Esa sustancia «picante» no es chile: es capsaicina concentrada con ácidos y saborizantes, y activa los mismos receptores que el calor y el dolor. En un niño, la mucosa del estómago es más delgada, y con una bolsa al día, se inflama: dolor de estómago, acidez, náuseas y gastritis a los 8 o 10 años. Ya no me parece raro; lo veo todas las semanas.
SAL.
Una bolsa grande contiene más sal de la que un niño debería consumir en todo un día. Les sube la presión arterial, les da sed (una sed que calman con refrescos) y les enseña a su paladar que la comida casera no tiene sabor.
GRASA Y COLORANTES.
La mitad de la bolsa es harina y grasa que se acumula en el estómago y el hígado. Y el rojo que se les pega a las manos, la lengua y las heces es colorante que no se digiere: indica la cantidad de sustancias químicas que pasan por un cuerpo de 25 kilos.
POR QUÉ NO PUEDEN PARAR.
La sal, la grasa y las especias juntas activan el centro de recompensa del cerebro: cada puñado exige más. El niño no come porque tenga hambre; come porque su cerebro se lo ordena. Por eso se termina la bolsa aunque le queme.
Si su hijo tiene dolor de estómago frecuente, acidez o náuseas al despertar, ya le está afectando mucho; y si vomita sangre o sus heces son negras, no es gastritis, es una emergencia: en ese caso, llámeme.
Lo que funciona: no tenerlos en casa, dinero para algo que no venga en una bolsa, y si ya les gustan, un puñado de comida, no una bolsa con el estómago vacío. Y advertir a los abuelos, que son los que los compran «porque les gustan».
Primeros auxilios