Las verrugas filiformes son lesiones cutáneas benignas causadas por el virus del papiloma humano (VPH) que se distinguen por sus prolongaciones largas y delgadas, de color amarillento, rosado, marrón o similar al de la piel. Suelen aparecer en el rostro, especialmente en párpados y labios, y se caracterizan por crecer con rapidez, a diferencia de otros tipos de verrugas que tardan más en desarrollarse. El contagio ocurre por contacto directo con una persona infectada, autoinoculación o uso compartido de objetos contaminados. Factores como un sistema inmunológico debilitado, pequeñas lesiones en la piel, la humedad y la edad —con mayor incidencia en niños y jóvenes— aumentan el riesgo de aparición. Para evitar su propagación, se recomienda no manipularlas ni intentar arrancarlas.